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El jueves 19 de julio a las 19.00, se inaugura en el Centro Cultural Borges una notable exposición de Dorothea Lange, considerada una de las grandes fotoperiodistas de la historia de la fotografía documental. Reportera excepcional, documentó con realismo y ternura la Gran Depresión de la década del 30 en los Estados Unidos. En 1941, recibió el premio Guggenheim Fellowship por la excelencia de su fotografía.

La muestra, titulada “Dorothea Lange: la fotografía como testigo incuestionable” y curada por Blanca Monzón, está integrada por un centenar de imágenes que registran personajes, sucesos y circunstancias de un mundo cambiante y plagado de conflictos, como lo fue la primera mitad del siglo XX.

Se exhibirán trabajos que Lange realizó por encargo de la Farm Security Administration (Administración de Seguridad Agrícola) cuya misión era reubicar a los agricultores de las regiones afectadas por el fenómeno conocido como Dust Bowl, una sequía sin precedentes:  una de las peores catástrofes ecológicas que azotó a los Estados Unidos durante la década del 30.

Paralelamente se creó una sección para documentar el proceso cuyo director, Roy Stryker, se convirtió en una figura clave y en el responsable de recopilar una de las más extensas colecciones de fotografías documentales del siglo XX. El objetivo era componer una imagen de la América rural en el umbral de la Edad Moderna.

 Sin hacer concesiones estéticas, ya que para ella la belleza de la imagen era fundamental, Lange retrató desempleados y gente sin hogar, el rostro del hambre en las zonas rurales del país, la explotación de los trabajadores inmigrantes y hasta la evacuación de los japoneses estadounidenses a los campos de concentración del occidente del país, después del ataque nipón a Pearl Harbor.

Vida y obra

Dorothea Lange nació en 1895 en Hoboken, Nueva Jersey. De ascendencia  germano-americana, creció en un ambiente que valoraba la literatura, la música y la educación. A los siete años enfermó de poliomielitis y esa circunstancia forjó su carácter y la llevo a intensificar su autodisciplina, y su independencia. Más tarde reconoció que fue “lo más importante que me sucedió, y me formó, me guió, me instruyó, me ayudó, y me humillo”.

Luego de la separación de sus padres, tomó el apellido de su madre y se radicó con ella en Nueva York y estudió Arte en la Universidad de Columbia. Trabajó para prestigiosos fotógrafos como Arnold Genthe y Clarence Hudson White y entre sus amigas estaban Louisa May Alcott y Doris Lessing. En 1918 se mudó a San Francisco, donde abrió su propio estudio de  retratos y se casó con el muralista Maynard Dixon. Junto a él, realizaría sus primeras experiencias de fotografía documental fotografiando nativos americanos.

Durante 5 años, la pareja viajó documentando las consecuencias de la crisis de los años ’30 y, aunque ella comenzó a tener problemas de salud, se mantuvo activa. En 1952, Lange fue cofundadora de la revista Aperture y trabajó para Life, viajando por Utah, Irlanda y el Valle de la Muerte. También acompaña a Taylor a Pakistán, Corea y Vietnam, entre otros lugares. En  octubre de 1965 murió de cáncer.

         La vida y la obra de Dorothea Lange están íntimamente ligadas a la historia de Estados Unidos en el siglo XX, porque sus fotografías fueron creadas por el contexto histórico en que vivió. Su testimonio, muchas veces incómodo para el establishment, permanece tan vivo como entonces. Porque lo que más influyó en su obra fue el contexto histórico, aunque su mayor preocupación haya sido estimular el placer de la vista, descubrir la belleza aún en esos rostros desesperanzados.

Para Lange, la herramienta más poderosa era su ojo, porque de hecho estaba convencida de que vemos con todo nuestro ser y nuestra cultura. Así,  su trabajo, más que dar respuestas, generaba preguntas. Y ese es su costado más conmovedor: el de la duda. Aunque estas fotografías documenten el dolor y la miseria, también nos recuerdan que es posible encontrar belleza en los lugares más inhóspitos y que tenemos que aprender a ver más allá de lo previsto.

Es posible que las imágenes de Dorothea nunca hayan tenido tanta relevancia como ahora. No solo en relación a la pobreza, al sufrimiento o al intolerancia que padece el mundo, sino porque su mirada subvertía el estereotipo femenino de la época. Sus mujeres son madres fuertes y poderosas, adelantadas a su época. Y eso habla de la inmensa sensibilidad con que supo captar una necesidad de cambio, en un momento dominado aún por el razonamiento patriarcal.

 “Dorothea Lange: la fotografía como testigo incuestionable”
Centro Cultural Borges / Viamonte 525 – CABA

Agradecimientos: María de Vedia

 

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